¿Por qué dos personas hacen el mismo entrenamiento y obtienen resultados diferentes?
Es una situación muy habitual.
Dos personas deciden empezar a entrenar el mismo día. Tienen una edad parecida, realizan las mismas sesiones, siguen recomendaciones similares e incluso intentan cuidar su alimentación. Sin embargo, unos meses después, una de ellas ha mejorado claramente: ha ganado fuerza, tiene más energía y empieza a notar cambios en su composición corporal. La otra, en cambio, apenas aprecia resultados, sigue acumulando cansancio y comienza a preguntarse si el problema será ella.
La pregunta surge de forma inevitable:
¿Cómo es posible que haciendo el mismo entrenamiento los resultados sean tan diferentes?
Durante mucho tiempo se pensó que la respuesta era sencilla: una persona se esforzaba más que la otra, tenía mayor fuerza de voluntad o era más constante. Bueno eso es una constante en muchos aspectos de la Vida.
Hoy sabemos que la realidad es mucho más compleja.
El entrenamiento puede ser exactamente el mismo sobre el papel, bueno, quizás habría que puntualizar, sobre el móvil, capturado de las redes sociales, donde todo vale para todo el mundo, sobre todo si de partida desconocemos la materia a la que queremos acceder, pero el organismo que lo recibe nunca es igual.
Cada cuerpo tiene una historia. Os suena esas palabras para los que entrenáis con nosotros. Por eso realizamos una anamnesis tan exhaustiva, necesitamos recopilar vuestra historia.
Nadie empieza a entrenar desde cero.
Cuando una persona entra en un gimnasio lleva consigo años de experiencias que han ido moldeando su organismo, para ser mas precisos, hoy en día, todo comienza con la programación fetal in útero (Teoría de Barker) y los primeros mil días de vida de esa nueva persona, la alimentación, nuestra autoestima, el control de las emociones, el nivel de actividad física, la calidad del sueño, el estrés laboral, las lesiones previas, determinadas enfermedades, los hábitos diarios e incluso acontecimientos que ocurrieron mucho antes de decidir empezar a entrenar.
Por eso, dos personas con la misma edad, el mismo peso e incluso una condición física aparentemente similar pueden responder de manera completamente diferente al mismo programa de ejercicio.
El cuerpo no solo entrena músculos, entrena una historia biológica.,ss
El entrenamiento no produce la mejora.
Existe otra idea muy extendida: pensar que entrenar obliga al cuerpo a mejorar.
En realidad, el entrenamiento no es la mejora. El entrenamiento es simplemente un estímulo.
La verdadera mejora aparece cuando el organismo interpreta ese estímulo y dispone de los recursos necesarios para adaptarse a él.
Si esos recursos existen, aumentará la fuerza, mejorará la coordinación, desarrollará el tejido muscular o incrementará su capacidad de resistencia.
Pero si el organismo llega sobrecargado, fatigado o con escasa capacidad de recuperación, la respuesta puede ser muy distinta: más cansancio, peor recuperación e incluso la aparición de molestias.
El mismo entrenamiento puede representar una oportunidad para una persona y un exceso para otra.
La diferencia entre la carga y estímulo
En entrenamiento solemos hablar de series, repeticiones, pesos o kilómetros recorridos. Todo eso constituye la “carga externa”, es decir, aquello que podemos medir objetivamente.
Sin embargo, existe otra carga mucho más importante: “la carga interna”, que es cómo el organismo percibe ese esfuerzo, ese estímulo.
Levantar 20 kilos puede ser un estímulo moderado para una persona entrenada y un esfuerzo enorme para alguien sedentario.
Pero incluso en la misma persona ese estímulo puede cambiar.
Después de una buena noche de descanso, con un bajo nivel de estrés y una recuperación adecuada, esa carga puede resultar perfectamente asumible. Sin embargo, tras varios días durmiendo poco, una semana especialmente exigente en el trabajo o un proceso inflamatorio, esos mismos 20 kilos pueden convertirse en un desafío completamente diferente.
En otras palabras, “el organismo no responde únicamente a la carga que aplicamos, sino al significado biológico que esa carga tiene para él en ese momento.”
Lo que ya intuían Yerkes y Dodson
A principios del siglo XX, los psicólogos Robert Yerkes y John Dodson realizaron un descubrimiento que sigue siendo plenamente vigente.
Observaron que el rendimiento no mejora indefinidamente cuanto mayor es la exigencia. Existe un punto óptimo en el que el organismo responde de la mejor manera posible. Si el estímulo es demasiado pequeño, apenas genera adaptación. Si es excesivo, el rendimiento disminuye y la fatiga aumenta.
Lo más interesante es que ese punto óptimo “no es igual para todas las personas”.
Incluso cambia en una misma persona según el momento que esté viviendo.
El descanso, el estrés, la alimentación, el estado emocional o la recuperación modifican continuamente la forma en la que nuestro organismo interpreta el entrenamiento.
Por eso, copiar la rutina de alguien que obtiene excelentes resultados rara vez garantiza conseguir los mismos beneficios.
Las diferencias individuales también existen en el entrenamiento.
El psicólogo “Louis Leon Thurstone”, uno de los grandes referentes de la psicometría moderna, dedicó buena parte de su trabajo a demostrar que las personas presentan diferencias individuales que pueden medirse y comprenderse.
En el entrenamiento ocurre algo parecido.
Podemos medir con precisión los kilos levantados, las repeticiones realizadas o la velocidad de ejecución, pero la respuesta biológica seguirá siendo diferente en cada individuo.
No entrenamos únicamente cuerpos distintos.
Entrenamos organismos con historias, capacidades y necesidades diferentes.
Y esa es una de las razones por las que las recetas universales rara vez funcionan para todo el mundo.
Entonces… ¿Qué significa entrenar bien?
Entrenar bien no consiste en hacer más.
Tampoco significa terminar cada sesión completamente agotado.
Entrenar bien significa encontrar el estímulo adecuado para esa persona y para ese momento concreto de su vida.
No existe un entrenamiento perfecto para todo el mundo. Existe un entrenamiento adecuado para cada organismo.
Cuando comprendemos esta idea dejamos de compararnos con los demás y empezamos a escuchar lo que nuestro propio cuerpo necesita.
El enfoque Tressport
En Tressport entendemos que el éxito del entrenamiento no depende únicamente de la carga aplicada, sino de la capacidad que tiene cada persona para interpretarla, tolerarla y transformarla en adaptación.
Por eso, antes de diseñar un programa de ejercicio, valoramos mucho más que la fuerza o la condición física.
Nos interesa conocer cómo duerme la persona, cuál es su nivel de estrés, cómo se alimenta, qué lesiones ha tenido, cuáles son sus hábitos diarios y en qué momento vital se encuentra.
Porque nuestro objetivo no es que todas las personas entrenen igual.
Nuestro objetivo es que cada una reciba el estímulo que realmente necesita.
Como decía el fisiólogo y médico austrohúngaro que se nacionalizó canadiense “Hans Selye”, padre del “Síndrome General de Adaptación”, os acordáis los que hemos estudiado ciencias de la actividad física y del deporte, el organismo responde continuamente a los estímulos intentando mantener el equilibrio. Cuando la carga es adecuada, aparece la adaptación. Cuando supera la capacidad del organismo para responder, aparece el desgaste, sobreentrenamiento.
En definitiva, “los profesionales no prescribimos ejercicios; prescribimos estímulos”. Y un estímulo solo es realmente eficaz cuando el organismo puede interpretarlo como una oportunidad para mejorar y no como una amenaza.
Porque el cuerpo no mejora por el simple hecho de entrenar.
“Mejora porque es capaz de adaptarse al entrenamiento.”